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Carrito

El trabajo del chamanismo alquímico consiste en facilitar la auto-curación, ayudando a la persona a adquirir conciencia y a reintegrar los elementos fragmentados de su interior a través de diferentes técnicas. Se busca facilitar el acceso a una Experiencia Transformadora de naturaleza trascendental, sin hacer uso de psicotrópicos.

Nuestro mundo interno, nuestro espacio de representación, está formado por tres planos: 

El  Mundo Medio, que sería el mundo ordinario, vigílico, consciente, en el que nos movemos cada día, y que estaría representado en mitología por el símbolo del Sol, del dios Apolo. 

El Mundo Inferior, o Mundo Subterraneo, corresponde al inconsciente, aquella parte de nosotros que permanece en la oscuridad, de la cual no somos conscientes, representado en la mitología por el dios Hades.  

El Mundo Superior, trascendental, donde encontramos las experiencias de luz y de unidad, de profunda alegría, de grandes comprensiones, de contacto con seres de luz, guías y dioses, representado en la mitología por el dios Neptuno.

Con la práctica chamánica aprendemos a movernos por los tres planos, sin distinción. Descendemos mediante el viaje chamánico al inconsciente, al reino de las sombras, al mundo subterraneo, para entrar en contacto con la parte de nosotros que debemos sanar, reconciliar, o hacer consciente. Del mismo modo, aprendemos a hacer el ascenso, también a través del viaje chamánico, para conectarnos con nuestra parte luminosa, con nuestros Guías y Dioses.

Por su puesto, esos tres planos están inter-conectados, así yo libero energía que estaba bloqueada, cuando consigo resolver o reconciliar internamente en el plano bajo, y ese plus energético que ahora tengo y que antes no tenía, me proporciona mayor vitalidad en mi día a día, en mi plano medio. No hace falta decir que a los espacios altos no es posible llegar sin ese plus energético, que me ayudará a abrir posibilidades de integración y elevación interna. Esas experiencias de luminosidad, devienen de inmediato en un cambio de mirada en mi diario vivir, en el plano medio de mi existencia, pues comprendo la relatividad de mis conflictos después de una experiencia de lo transcendente. También mi mirada es más amorosa hacia los demás y hacia mí misma después de rozar la grandeza de lo numinoso, haciendo disminuir el temor y haciendo crecer la alegría en el corazón, porque uno Sabe que no Está solo, que nunca lo ha estado, que nunca lo Estará, y ese no es un conocimiento que venga de la razón, es certeza de experiencia, viene del corazón.

De forma análoga, el alquimista, durante la fase negra, el Nigredo alquímica, se adentra en las regiones oscuras de su psique para obtener el estado de pureza, es decir, el renacimiento y más tarde la eliminación de su «materia inferior». Significaría el descenso al plano bajo, para el chamán. A esta primera operación le sigue la obra en blanco, Albedo alquímica, el estado luminoso que anuncia una nueva transmutación. Lo que para el chamán seria el ascenso al plano alto. En la fase en rojo, Rubedo alquímica, el alquimista pone en acción lo aprendido. Es la etapa activa, conectada con el Fuego Cósmico o Gran Agente Mágico Universal.  Para el chamán significaría nuestra acción en el mundo, donde suceden las experiencias de sanación y transformación.

Antonia Utrera

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